Crónica de una muerte anunciada

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Crónica de una muerte anunciada

Mensaje por Alex Kaiser el Miér Ago 08, 2018 11:27 pm

Son las dos de la mañana. Mi motivo para no dormir hoy no tiene nada que ver con la investigación, ni con tener cada día más preguntas sin respuesta o más motivos para pensar que todo aquel que me rodea me miente. Sí, incluido Alek. He vuelto a sentir dolores de cabeza con imágenes confusas, no por nada de lo que estoy averiguando sino por culpa de la vecina de al lado. Sólo me pasa con ella, como si provocase el dolor de cabeza o fuese el epicentro del carrusel de imágenes. La razón por la que hoy no duermo también tiene que ver con la rubia de la ventana de enfrente, pero no es su culpa, al menos del todo, sino de su padre. Es normal que la espere despierto, hoy no es viernes ni sábado y la niña ha salido a las cinco de la tarde y aún no ha dado señales de vida. Hasta ahí todo normal. El hombre ha llegado de su “viaje” ayer y casi ni la ha visto. El problema es que el padre ha estado registrando su habitación durante horas, luego han llegado tres tipos que no había visto en la vida y han subido también a la habitación de Laura a revisar cajones y armarios. Los perdí de vista cuando bajaron a la planta baja, pero por el ruido seguían registrando. No sé si encontraron algo o no, se han largado sobre las once. Lo único que puedo pensar es que la chica se ha metido en drogas, o algo peor. No puedo entenderlo, parecía estar bien, el novio es deportista y buena gente y ella no dio ninguna señal de aviso. Le he enviado un mensaje “Dónde estás?” para intentar hablarlo con ella antes de que llegue a casa y se entere a gritos de que la han pillado, pero no me ha contestado, así que lo intento con un “Dime donde estás y voy a buscarte, tenemos que hablar”, pero me ha contestado con un “estoy borracha y no quiero hablar contigo” y cuando al verlo he intentado llamarla me ha apagado el celular. Aquí estoy, pues, sentado en el alfeizar de la ventana de la cocina, con el pantalón del pijama puesto y una cerveza en la mano, la luz apagada y agudizando el oído para intentar pillarla antes de que entre en casa, barajando mentalmente las posibilidades para hacerme una idea de qué mierda se mete esta cría y por qué. Sólo espero que no lo que pasa Jake. Esa es otra historia, una muy larga y en la que ahora estoy metido hasta el cuello también. Espero que sea MDMA, porque como sea coca le incrusto la nariz en la nuca por gilipollas.
 
Son las tres y media. Tengo mucho sueño. Me he levantado ya tres veces intentando no perderme la llegada de la chica, sigo mirando la pantalla del móvil como un subnormal e intentando localizarla. Debe tener trece llamadas perdidas. Le he dejado también varios mensajes en el contestador: “Rubia, llámame, es urgente” “Laura, enciende el puto móvil y llámame ya” y todos del estilo, cada vez con menos paciencia. Me están entrando ganas de mear y no dejo de parpadear para no quedarme dormido. Me empieza a doler el culo de estar sentado con una sola cacha en el aluminio de la ventana. También empiezan a disminuir las ganas de salvarla del marrón y son sustituidas por las de estrangularla por tonta del culo.
 
Cuatro de la mañana. Me he levantado a mear porque no aguantaba más y cuando vuelvo a asomarme veo luz en el porche y un coche saliendo. Creo que la he perdido en le proceso. La luz de su sala se enciende y yo empiezo a cagarme en todo y vuelvo a intentar llamarla, por si aún estamos a tiempo, pero cuelgo al ver cómo se encienden la luz de la cocina y el pasillo y escucho un grito de sorpresa. Tarde, le va a caer la del pulpo. Intento convencerme de que he hecho lo que he podido y de que al fin y al cabo se merece una buena bronca. La pierna derecha se me ha dormido, me meto en la cocina mientras intento despertarla y me hago un pequeño bocata porque me ha entrado el hambre. Estoy empezando a subir las escaleras, un rato después, desentendiendome hasta la mañana para dormir un poco cuando escucho los gritos. No puedo distinguir la conversación pero es acalorada. Llego al descansillo y escucho un golpe, algo que se ha roto o caído. Imagino que no será nada y subo a mi habitación. Desde mi cuarto sólo se ve una parte de la cocina de enfrente, la parte de la nevera y el fregadero. Casi sin pensarlo miró hacía allí, no veo nada, la luz está encendida y distingo alguna sombra, pero nada más. Voy al baño, vuelvo hasta la ventana sólo para cerrar las cortinas mientras pienso en despertar a Alek por si la niña necesita un poco de compañía tras la bronca. Creo que es buena idea, así que entro en el cuarto de mi hermano y lo despierto suavemente empujando su hombro. Se despereza adormilado, consigo que se centre tras unos minutos y le cuento brevemente lo que pasa. El chico se despierta y se viene a mi cuarto, pero insiste en que es imposible que Laura se este metiendo algo. Yo me meto en la cama y él descorre de vuelta las cortinas y se queda mirando por la ventana.
 
Estoy muerto y creo que no he llegado a cerrar del todo los ojos cuando escucho a Alek llamarme en tono asustado. Hacía años que no lo escuchaba, me recordó a los tiempos en que me llamaba desde lo alto del árbol porque no sabía bajar. Me estoy quejando cuando vuelvo a incorporarme pero Alek ni me responde qué pasa ni me mira, sólo repite mi nombre mientras sigue observando la ventana. Está como rígido y me asustó. Antes de saber qué pasa, antes de ver nada, sólo por la postura de mi hermano, que indica a las claras que algo pasa y no es nada bueno. Aún así no hay postura que te prepare para ver lo que vemos. El padre de Laura le está pegando. Es como una pesadilla. Tardo casi un minuto en identificarlo como algo real. Mi mente no es capaz de asimilarlo al momento. Alek está preguntando algo, tiene que repetirlo para que lo entienda.
 
-         ¿Qué vamos a hacer?
 
Y sé lo que está pensando en realidad. Quiere cruzar y ponerse en el medio, nunca le levantaría la mano al señor Lerman pero es muy capaz de servir de escudo. Yo sí quiero partirle la cara y estamparle algo en la cabeza, pero soy menos impulsivo que mi hermanito y he recordado algo estos últimos días, algo confuso y absurdo que de repente vuelve a mi mente y cobra un nuevo sentido. Laura con moratones en las espalda que achaqué a algo completamente diferente. Retengo a Alek por el antebrazo cuando ya está empezando a moverse.
 

-         No vamos a hacer nada.
 
Es normal que me mire como si me hubiese salido una tercera cabeza. No es fácil quedarse parado viendo esto, ni fácil explicar tampoco por qué debemos hacerlo. Lo dejo despotricar, intentar soltarse y me empuja varias veces, pero no permito que salga del cuarto.
 

-         No podemos hacer nada hoy.
 
No lo entiende. Es lógico. Es Laura, y ese animal la está golpeando con el cinturón.
 
-         No es la primera vez que pasa.
 
“¿Cómo dices?”- me pregunta super nervioso.
 

-         Que no es la primera vez. Le he visto moratones en la espalda antes…No. No estoy diciendo eso…digo que no es la primera vez y no te lo ha contado, ni a mi, y apostaría a que a nadie….Conoces a Laura, ella nos lo diría si quisiera que hiciesemos algo o que lo supiesemos.
 
“¿Y no vamos a hacer nada?”
 
-         Mañana. Pero ella no tiene por qué saberlo. Ni tenemos porque comentarle nada sobre esto.
 
Alek no está de acuerdo, y además se le da fatal disimular o mentir, tengo que insistir mucho para convencerlo de que guarde silencio y no haga ni diga nada y que me deje pensar cómo arreglar esto. Hace mucho que Laura se acostó y apagó la luz cuando nosotros nos vamos a la cama. He dormido unas dos horas y estoy cansado, hecho polvo y más preocupado de lo que he estado en años. Alek se levanta con ojeras, cansado y con los ojos demasiado brillantes. No pregunto pero sé que ha estado llorando, probablemente de preocupación e impotencia. Yo no hablo con Laura en todo el día, olvidado el interrogatorio sobre drogas que ya vendrá, es cuestión de prioridades. Alek, en cambio, no se ha apartado de ella en todo el día, pero ha mantenido el trato, lo sé.
 
Le he dado mil vueltas a lo largo del día, no he pensado en otra cosa. No hay muchas posibilidades, en frío pegarle una paliza al sujeto no es una opción, primero porque él puede hacerselo pagar a ella después y segundo porque es muy capaz de denunciarnos y no ganariamos nada. Es su único tutor, no tiene más familia que pueda hacerse cargo y aún tiene dieciséis años. Mi abuela no aceptaría adoptarla, mis padres sí lo hubiesen hecho pero ya no están. Que Laura acabe en custodia del estado no es una opción, que se emancipe tampoco, tendría que mudarse y ni Alek ni yo vamos a permitir que tenga que irse por culpa de ese mamón. Llega la noche, Alek me espera en el salón para saber qué vamos a hacer y yo aún no tengo la respuesta. Nos dan las doce barajando y desestimando posibilidades. Cuando el reloj nos da la medianoche nos damos cuenta de que no podemos hacer nada en realidad. Somos menores y él es su padre. Cualquier opción termina con Laura bien jodida. Alek está llorando otra vez, y yo no puedo dejar de pensar que ella está en casa ahora mismo con él. Es como una obsesión, no me lo puedo sacar de la cabeza, me siento como el correcaminos. La paranoia debe ser algo así.
 

-         Tenemos que matarlo.
 
Mi cara de sorpresa ante la vehemencia de la afirmación debe ser como para inmortalizarla, porque sí, fue Alek el que lo soltó en tono serio y centrado, completamente convencido de lo que decía y del significado. No me reí, porque no era una broma. Ni me escandalicé, por qué he de reconocer que también pasó por mi cabeza la idea. En su lugar lo pensé durante un par de minutos y luego contesté:
 
-         Tiene que desaparecer. Si lo consideran muerto Laura vuelve a ser una menor sin custodia. Si sólo se va, como este último mes, y nadie denuncia su desaparición Laura puede vivir con el dinero de su cuenta. Sólo tenemos que dejarle una nota y las tarjetas de crédito.
 
“¿Y cómo conseguimos que se vaya?”
-         Yo lo sujeto y tú haces esa cosa tuya de movernos en el espacio. Lo dejamos en mitad del desierto, le quitamos el móvil y la cartera y que se apañe.
 
Alek parece verlo bien.
 
-         He practicado, puedo movernos a los tres. ¿Texas entonces?
 
-         Yo estaba pensado más bien en el Kalaharí. Cuanto más lejos mejor. Además, en el improbable caso de que consiga volver, ¿quién iba a creerle?
 
 
A la mañana siguiente teniamos un plan. Los dos sabiamos exactamente cómo y qué debiamos hacer, y Alek había convencido a Laura para ir a la bolera con Vanesa, no sé ni cómo, y así tenerla fuera el tiempo que necesitaramos. Vanessa fue fácil de convencer, ella nunca se niega a hacerme un favor, ni siquiera tuve que explicarle por qué, sólo que la necesitabamos fuera, quedó en avisar si algo pasaba. Todo estaba hablado, replanteado y estipulado, pero nada salió como debería.


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Re: Crónica de una muerte anunciada

Mensaje por Alek Kaiser el Miér Ago 15, 2018 8:28 pm

El día de Alek…
 
Ayer fue el peor día de mi vida. Peor incluso que aquel en que dos policías locales aparecieron en la puerta a primera hora de la mañana para informarnos, de forma desapasionada, que nuestros padres habían muerto. Peor porque esta vez me sentía culpable, culpable por no saberlo, culpable por no haberlo visto, culpable por no hacer nada y culpable por haber fallado como mejor amigo de la chica que lo significa todo para mi. Ella es mi amiga, mi hermana, mi confidente, mi apoyo cuando la necesito, mi coartada cuando me meto en líos, y yo…yo no soy lo bastante confiable como para contarme que está viviendo un infierno. Lo peor es que seguramente tiene motivos para no contármelo, de todas formas, habrá pensado, ¿qué podría hacer yo? ¿Cómo iba a ayudarla? La cagué antes cuando me dijo que quería a mi hermano y no era cosa mía, me opuse y estuve tocando las narices hasta el último instante. Aún encima me equivoqué y no fue él el que acabó jodiendola a ella. Tampoco intenté hablar con ella después, ofendido por como pasaron de mi y nunca me senté con ella para que me explicase por qué había decidido cortar por lo sano cuando estaba claro que aún sentía algo por Alex. Ni siquiera ahora lo he hecho. Para mi es más cómodo que no estén juntos, lo prefiero así, y eso ha influido en que no me haya molestado en indagar qué mierda hace con el corredor de fondo ese que, obviamente, no es su tipo. ¿Por qué no es su tipo? Para mi, que la conozco desde siempre, es evidente. ¿Pero qué hago yo? Me callo la boca y lo dejo correr, porque es mejor así. Mejor para mi. ¿Y qué hago ahora que sé que el padre abusa de ella? Me quedo mirando y dejo que Alex decida por todos, como siempre. ¿Cómo es posible que yo no lo supiese? ¿cómo no me di cuenta? ¿Cómo es que mi hermano sí le vio moratones antes y yo nunca me he enterado? No quiero ni pensar en cómo pudieron ser las otras veces, bastante horrible fue lo que vimos el antes de ayer. Por supuesto ayer no me he separado de ella, hasta el punto en que tuvo que llamarme la atención para poder ir al baño sola, pero ¿de qué sirve? En realidad eso sólo me vino bien a mi, ella se agobió un poco, aunque no me lo dijo, nunca me diría que sobro. Insistí en hacer los deberes con ella, en su casa, solo para no dejarla a solas con su padre, pero no pude quedarme cuando el hombre dijo que era muy tarde para estar de visita, ¿qué excusa podría poner? Seguro que Alex tendría alguna, pero yo me sentí avergonzado y no supe que decir, no puedo quedarme o auto invitarme a una casa que no es mía así como así. Me siento cohibido y me da vergüenza. Así que la dejé sola, sola con él. Volví a casa para saber qué había pensado Alex, pero él tampoco tenía la solución. Estuvimos hablando y hablando, pero Alex tenía razón, yo no había pensado en qué ocurriría si Laura quedaba sola o lo denunciaba. El orfanato es como la cárcel, o peor, y las casas de acogida en este estado dan verdadero pavor, la gente solo acoge niños por el dinero que les da el estado y luego no se preocupan por cuidarlos o educarlos, probablemente acabaría durmiendo en un establo, trabajando de sol a sol sin poder ir al baño y comiendo solo gachas. No quiero que Laura acabe en servicios sociales, ni que se la lleven a ningún lado. La necesito a mi lado. Alex sigue pensando en voz alta, yo me siento impotente y no puedo parar de llorar. Me ha costado un mundo no decirle nada a lo largo del día y aguantar su mirada sin venirme abajo. Al final sólo veo una salida. Hay que matar a ese hijo de puta. Nunca pensé que fuese capaz de matar a nadie, no sé si podré, pero por Laura estoy dispuesto a intentarlo. No debe ser tan difícil, hay asesinatos todos los días. He visto el programa de casos sin resolver un montón de veces. Quizá podríamos envenenarlo. Lo suelto en voz alta y mi hermano ni se inmuta, pero al poco niega con la cabeza, y una vez más tiene razón. Tampoco podemos matarlo. Por fin voy a poder ser útil, ya se me da bastante bien eso de usar mi “especialidad”. Puedo movernos a los tres a un tiempo y así lo afirmo.
A la mañana siguiente me levanto nervioso pero mucho más animado. Hoy es el día. Si todo sale bien Laura no tendrá que volver a preocuparse por ese hijo de puta. Mi tarea es sencilla, sólo tengo que convencer a Laura de que salga con Vanesa para “conocerse mejor y confraternizar entre chicas”. Sé que puedo hacerlo. Luego, pasar del entrenamiento, volver rápido a casa, ponerme a trabajar en el jardín para tener una excusa, esperar a Alex, llamar a la casa del al lado para pedir herramientas de jardinería, subir al primer piso para buscarlas yo mismo cuando el padre de Laura, como hace siempre, nos diga que las cojamos pero las devolvamos limpias y las dejemos en su sitio al terminar, y mientras yo lo hago Alex se quedará hablando con él, entreteniéndolo un poco para conseguir que se levante del sofá y lo acompañe a la cocina (a la parte de la cocina que no se ve desde las ventanas), una vez ahí yo volveré sin hacer ruido, Alex lo inmovilizará cuando me vea y yo lo golpearé con algo. Le sacamos la cartera y el móvil y lo dejamos en mitad de la nada. Parece fácil. El plan comienza con una conversación con Laura camino del instituto.
 
Estamos en mi coche, Laura lleva unos pantalones vaqueros y un a camiseta de manga larga bicolor, en blanco y negro. Nunca me habría llamado la atención antes, está guapa, como siempre, pero ahora no puedo dejar de preguntarme si va tan tapada porque tiene algo que ocultar, algo como las marcas del cinturón en su espalda o en sus piernas. La miro de reojo varias veces, inusualmente callado, hasta que me doy cuenta de que me está preguntando qué me pasa e inspiro para llenarme de valor y fingir que no pasa nada mientras comienzo a convencerla para lo que nos conviene:
 
-         Nada. Estaba pensando que es raro. Somos un grupo de seis. Pasamos cada comida juntos y tenemos…digamos que mucho en común- le hago un gesto que indica claramente que me refiero a la magia y al circulo- Los chicos nos llevamos bien, Alex es mi hermano y con Jake me llevo bien, ellos dos son amigos…sin embargo vosotras…sois como tres islas.
 
Me pregunta a qué me refiero, e insiste, como esperaba, en que ella y yo somos íntimos y con Jake tampoco se lleva mal. No menciona a Alex.
 
-         A eso me refiero. Con nosotros todo está bien, pero entre vosotras no existe comunicación. Nosotros hemos quedado ya varias veces solos, en plan “salida de chicos”, pero vosotras…apenas os saludáis si no está uno de nosotros en medio.
 
Protesta, como esperaba. Le he tocado la fibra. Esa de “las mujeres parecéis estar siempre en guerra las unas con las otras”.
 
-         ¡Oh, venga ya! Tú y Vanesa solo os pusisteis de acuerdo y quedasteis una noche, y fue porque las dos estabais cabreadas con Alex y Jake. Os confabulasteis para putearlos, que no es lo mismo que quedar o que pasar tiempo juntas. El denominador común fueron ellos…y me parece extraño. Porque en realidad creo que tenéis mucho en común. Leia siempre está a la defensiva, pero tú y Vanesa parece que estéis compitiendo o directamente en guerra...
 
Tiene mucho que decir al respecto. Se está mosqueando, no me gusta que se enfade conmigo o que sienta que la provoco, pero es por una buena causa y esta vez me muerdo el labio y no prorrumpo en disculpas. Me cuesta, pero me mantengo en mis trece aún cuando veo que cree que le estoy echando en cara algo sobre su carácter, cosa que nunca haría.
 

-         Pues si no estáis compitiendo no lo entiendo. Las dos sois populares, sociables, os gusta divertiros y salir, adoráis ir de compras, vestiros a la última, ser el centro de atención, las dos sois brujas y acabáis de descubrirlo, las dos sois huérfanas de padre o madre, las dos os lleváis fatal con el progenitor que os queda…tú me dirás…¿no sería lógico que fueseis amigas?...¿o es por Alex?
 
Sé que la tengo en cuanto menciono a mi hermano. Debí suponerlo. Siempre que Alex entra en la ecuación ella reacciona. Lo que me lleva a preguntar otra cosa, aunque no tenga nada que ver con el plan:
 
-         ¿Qué pasó en realidad cuando cortasteis?
 
No esperaba esa pregunta, eso es seguro, creo que acaba de atragantarse con su propia saliva, por desgracia ya llegamos y estoy aparcando. Espero, a ver qué dice, pero no tiene sentido.
 
-         Laura…soy muy lento, ya lo sé, pero no del todo imbecil. Y te conozco muy bien.
 
Llegan algunos amigos, de ambos, y la conversación ha de quedar así, pero apunto mientras los seguimos hacía el interior del instituto “hablaremos más tarde”. Espero que Alex haya cumplido con su parte, cosa que no queda clara hasta que en el cambio de tercera hora Vanesa se acerca y con total desparpajo le dice a Laura “Oye rubia, ¿echamos unos bolos esta tarde?”, se cambia el pelo de lado, el tipo que le sostiene los libros se apunta a acompañarlas, ella lo mira mal, le dice que nadie lo invitó y que se limite a hacer lo que le mandan, vuelve a mirar a Laura y prosigue “Tú y yo solas, ya sabes, sin moscardones” Laura le contesta que ha quedado con su novio. Vanesa hace una mueca y se encoge de hombros para largarse. Es mi momento para darle la puntilla.
 
-         Claro que sí…el burro delante para que no se espante…no vaya a ser que también te gane la partida- suelto en tono socarrón, lo bastante alto para que Vanesa también lo escuche. No sé si llega a entender la analogía pero responde y le dice a Vanesa que la verá allí. La mirada ofendida se la perdono porque me la merezco.
 
Todo parece ir bien y yo me voy relajando. No terminamos la conversación inconclusa en la comida porque están todos, pero sí la retomamos en el camino de vuelta, mientras ella pregunta por qué no voy hoy al entrenamiento y yo le contesto que estoy algo indispuesto, nada grave, algo que comí.
 
-         dejaste de quererle…ya, claro…si no quieres contármelo vale, pero deja de tomarme por imbecil.
 
Eso me molestó, claro que sí, es que no entiendo porque no me cuenta nada, al parecer no es de ahora, está claro que no confía en mi. Yo creí que nos lo contábamos todo.
La dejo en su casa. La veo salir un hora más tarde, ataviada con una falda larga gris oscuro, una camiseta jaspeada en gris más claro y un cinturón en plateado, completamente maquillada. Sonrío sólo un poco porque sé que esta vez no se ha vestido para un chico, sino por Vanesa, y estoy seguro de que se ha tomado más molestias de lo normal. Iba mejor con los vaqueros, al menos para jugar a los bolos, pero es obvio que cree que la morena va a ir de punta en blanco y ella no quiere ser menos. La parte de arriba es de cuello cerrado y sin escote, lo que confirma mis sospechas. Lleva unos botines negros de tacón con franjas blancas. Al menos parecen cómodos. Espero a que desaparezca, esta vez en taxi, para ponerme la ropa de trabajo y comenzar a trabajar en el jardín. Para que sea creíble y no levantar sospechas me lo tomo en serio y comienzo por sacar las malas hierbas, transplantar los parterres de césped y podar el seto.
 
La hora y media que tardó Alex en llegar se me hizo eterna, pero cuando llegó me puse muy nervioso. Estaba ocurriendo. Teníamos que hacerlo. Mi hermano entró a cambiarse, tras saludarme, y parecía un día como otro cualquiera. Se puso un pantalón de chándal y una camiseta vieja y salió a echarme una mano con un batido en las suyas. Se lo terminó mientras preparaba el cortacésped y dejó el vaso en el alfeizar de la ventana de la cocina, cosa que hacemos a menudo porque así luego podemos recogerlo desde dentro. Sin cargarlo. Pasó otra media hora hasta que acabó de recortar el césped de ambos lados, el nuestro y el de la casa de Laura por la parte de delante. Luego, en voz alta, me indicó que entrase a merendar que ya terminaba él de podar el seto y yo entré a la cocina, pero no para merendar porque no tenía hambre ni me creía capaz de comer nada. En su lugar preparé unos sándwiches y metí en una mochila agua y cosa son perecederas, como latas de conserva y comida deshidratada. Empezó a anochecer y mi hermano ya había hecho suficiente ruido con el cortacésped y la podadora como para que el vecino tuviese claro que estábamos trabajando el jardín. Llevábamos toda la tarde dando por culo. Salí para encontrarme con él, nos pusimos de acuerdo con un gesto y nos acercamos al porche de Laura para llamar a la puerta. Nos abrió en pantalones cortos y si camiseta, con la barriga incipiente sobresaliendo del desgastado elástico. Todo fue bien hasta que cuando Alex indicó que subiría yo a por los enseres que necesitábamos el hombre negó y dijo que no quería que yo se lo pusiera todo perdido, momento en el cual nos dimos cuenta de que yo tengo las manos manchadas de tierra de sacar las malas hierbas pero Alex las lleva limpias.  Nos miramos, sin saber cómo reaccionar, pero Alex me indica con un gesto que seguimos con el plan y es él el que sube las escaleras. Me empiezan a temblar las manos con los nervios, no tengo idea de qué decirle o contarle a este hombre para llevarlo a la cocina, al final sólo hablo del tiempo durante minutos, y luego empiezo a sudar profusamente. Es la suerte, no yo, la que consigue que el hombre, al verme deshidratarme, me indique que si quiero una limonada o un vaso de agua, y al ver que no me muevo cuando me lo ofrece (él no pretendía moverse si no que yo me sirviese solo) resopla, refunfuña algo y me guía hasta la cocina. Yo le sigo, sin tener ni idea de cómo voy a inmovilizarlo. Jamás he inmovilizado a nadie, ni me he peleado con nadie, eso siempre lo hace Alex. Incluso cuando la pelea es mía. Me armo de valor mientras él me llena el vaso con algo de la nevera y me repito a mi mismo que puedo hacerlo, voy a hacerlo. Miro alrededor y cojo un jarrón vacío, de esos de porcelana pintada con motivos y arabescos, y lo sopeso como arma para dejarlo inconsciente, pero el hombre se da la vuelta cuando lo estoy levantando y me mira con esa cara de disgusto con que lo hace siempre para luego decirme:
 
-         ¿Te gustan las flores mariposa? Les echarás agua, no te quedes ahí alelado.
 
Y me doy cuenta de que hay un ramo de rosas rojas encima de la mesa de madera, deben ser del novio para Laura. Me lo ha soltado tan convencido que por inercia ya estoy poniendo agua en el jarrón . No es la primera vez tampoco que este tipo insinúa que soy gay. Creo que es porque siempre me ve con su hija y la tiene por una casquivana. No me importa, pero no puedo enfrentarme a él si me está mirando. Alex está bajando las escaleras. El hombre vuelve al salón y de pronto todo se sucede muy deprisa. Alex me hace señas para que me ponga delante del hombre mientras él b aja, al intentar obedecerle inmediatamente me tropiezo con la alfombra, se escucha un frenazo en la acera, me caigo y me llevo una mesita por delante cuando me doy de bruces en el suelo. La lámpara de encima de la mesita se rompe, el padre de Laura da un bote para alejarse de los cristales, apartándose hacía la ventana que da al patio, por la que está entrando Jake en este mismo instante, con un salto. El hombre tropieza de espaldas con Jake y se va hacía delante, Jake alarga la mano para intentar sujetarlo, pero se cae encima de la mesa de cristal de la sala y esta también se rompe. Mientras vemos como queda tirado en el suelo nos miramos unos a otros. Jake trae el libro de las sombras en la mano, las llaves de la moto en la otra. Busco a mi hermano, que acaba de llegar abajo y sigo su mirada hacía el cuerpo del hombre que sigue tendido en el suelo. Jake se ha acercado y lo examina. No sé porque no se levanta. De pronto lo veo, una mancha de sangre que se hace cada vez más grande debajo de la cabeza del individuo.
 
- ¡Oh, dios mío! ¡Oh, dios mío! ¿Está muerto?

He de admitir que Jake parece descompuesto. Habla con Alex, no puedo entender lo que dicen, estoy asustado y nervioso y la cabeza de ese señor no deja de sangrar. Alex se acerca para tocarme en el hombro y mandarme a casa, indicando que ellos se ocupan de lo que sea. Yo atino a negar con la cabeza. ¡Claro que no!
No soy un inutil, quiero ayudar. Entre mi hermano y Jake le dan la vuelta y ya no necesito que nadie me diga que el hombre ha fallecido. Tiene los ojos abiertos y perdidos. Vidriosos.

- ¿qué haciais vosotros aqui?- pregunta Jake

Mi hermano se encoge de hombros y le contesta: "Nosotros entramos por la puerta, ¿qué hay de ti?" Claramente desconfiamos. Yo también encuentro extraño que Jake entre por la ventana a casa de Laura. De pronto Jake espera respuestas de mi, me está mirando con esa cara de cuando algo lo cabrea y yo trago saliva, que este chico me da un poco de miedo a veces. Sobre todo porque he visto de lo que es capaz.


- Sólo queriamos dejarlo en mitad de la nada- respondo con un hilo de voz cuando no cesa de mirarme. Y el chaval, sin sorpenderse siquiera asiente y me dice algo sobre el jarrón.

Ni sabía que aún tenía el jarrón en las manos. Lo dejo a un lado y obedezco, agarrando las piernas del muerto. Alex lo está sujetando por debajo de los hombros y Jake está cogiendo la alfombra para ponerla debajo cuando Laura entra por la puerta, dando un portazo  toda prisa y sin mirarnos hasta que está en mitad del salón y se encuentra el panorama. Todos nos quedamos tiesos mirandola. Aún no hemos abierto la boca cuando aparece Vanesa, abriendo la puerta sin llamar y gritando el nombre de Laura, con el móvil en la mano.


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Re: Crónica de una muerte anunciada

Mensaje por Jake Parrish el Miér Ago 15, 2018 11:56 pm

El día de Jake…
 
Me levanto a las seis de la mañana, pero lo hago satisfecho y contento, aunque tenga que ponerme en marcha casi enseguida y ocuparme de dejar a mi abuelo duchado y desayunado antes de poder darme yo una merecida ducha. Lexi no ha vuelto a casa después de dar a luz porque sus padres lo han pensado mejor en cuanto han visto al niño y se la han llevado a casa para cuidarla. Me alegro por ella y por el niño, pero lo cierto es que ayudaba. Ahora soy yo el que tiene que hacer las comidas y limpiar. Cosa que dejo echa, de modo rápido, antes de salir por la puerta, como cada día, para dirigirme al instituto. Son las ocho y veinte cuando al fin estoy listo y cojo la moto para llegar a tiempo. Quisiera acercarme a por mi novia, pero no se me permite llevarla a clase, ni llamarla “novia” ya que estamos. Tampoco se me permite hablar con ella hasta la hora de las comidas, y eso sólo porque hemos creado una especie de grupo en el que se me acepta porque supuestamente soy “amigo” del rubio. Lo cierto es que no está tan mal, desde que ha vuelto se pasa a menudo a buscarme y hace poco ha descubierto mi asuntillo poco legal con el tráfico de pastillas y no sólo no me ha delatado, sino que me está ayudando a distribuirlas. Yo en el instituto no puedo hacerlo, y no tengo acceso real a su grupo social. Tampoco es que me preocupase mucho no tenerlo hasta que empezaron a caerme bien algunos de ellos. Porque sí, lo admito, ya no creo que sólo Vanesa valga la pena en esa jungla de cristal. Le he cogido bastante cariño a la rubia, supongo que porque la entiendo bastante bien, tiene problemas pero le pone ganas y nunca parece bajar la cabeza. A los hermanisimos también les estoy empezando a tomar cierto aprecio. El pequeño parece ser una de esas personas que siempre ven lo mejor de todo el mundo y siempre están de buenas, y el mayor me sorprende por momentos. Como dije, no puedo acercarme a saludarla como quiero cuando la encuentro en el pasillo, rodeada de su corte, como cada día. La saludo pues, sólo con una inclinación de cabeza, y algo en mi gesto debe ponerla sobre aviso porque me responde el gesto pero se me queda mirando como evaluando algo, para que no se agobie le sonrío levemente cuando nadie mira y después de recoger mis libros me tomo la molestia de guiñarle un ojo cuando cruzo por su lado para marcharme a clase.
 
 
El rubio me hace llegar una nota en química, pero por la letra entiendo que es de ella. La leo brevemente y veo que quiere quedar a la salida, antes de que me incorpore al trabajo, que hoy empieza a las siete. Miro hacía atrás, donde se sientan juntos, y le contesto a él asintiendo con la cabeza cuando en realidad le respondo a ella. Estoy un poco harto de esta historia. No porque me moleste seguirle el juego, sino porque estoy viendo que pasa el tiempo y pronto ella se irá a la universidad y esto no ha avanzado en absoluto. Quizá, simplemente, es que a la chica no le interesa. En algún momento voy a tener que plantarme. La comida pasa como es habitual, Laura y yo nos sentamos a un lado de la mesa de madera, el rubio, ella y el menor del otro, y Leia siempre en la cabecera. Charlamos, reímos y comemos, comentando las clases y poco más. Siempre evitando los temas que puedan entrañar algún tipo de enfrentamiento. Alguna vez nos picamos entre nosotros, y otras, pocas, hablamos del circulo y de lo que vamos aprendiendo. No es que no nos apetezca, es que cualquiera puede escucharnos. Hoy no es uno de esos días, Vanesa tiene un cotilleo nuevo, del que nos informa sobradamente, y Leia está emocionada porque la han escogido para el comité de decoración del baile. Aún queda un mes, pero el tema me recuerda que el instituto se acaba para tres de nosotros y eso significa que Vanesa se irá. La espero en la esquina de la gasolinera a la hora convenida y tomamos un café rápido, en un bar de mala muerte, muy lejos de donde pueda encontrarse a alguien, y luego me voy a trabajar. Hemos discutido, porque habíamos quedado en que hoy pasaría a buscarla y aprovecharíamos el día, ya que sólo trabajo una hora, pero ella me ha dicho que tiene que salir con Laura, para hacerle un favor a Alex, y no he conseguido moverla de ahí. No me enfado porque tenga otros planes y me lo diga en el último momento, al menos no sólo por eso, me enfado porque no me dice por qué tiene que salir con Laura, insiste en que no lo sabe. Según ella, el rubio sólo le dijo que necesitaba el favor y ella le dijo que sí sin preguntar. ¿Quién hace eso? Al final cierro el tema con un indignado “muy bien, te veo mañana entonces…si te apetece” y ella sólo contesta un “bien”.
 
La jornada de trabajo fue muy relajada, sólo hacía una hora por deberla del fin de semana, en que tuve que ausentarme. En principio era mi día libre, así que cuando salí me bastó comprobar que tenía un mensaje de Vanesa, indicando que estaba en la bolera y preguntándome si seguía cabreado para decidir que me pasaría por allí, al menos para saludar. No creo que a Laura le molestase, y en caso de que a Vanesa sí, siempre podía fingir que sólo saludaba a Laura. El problema fue que, como siempre, Vanesa y yo siempre nos exaltamos cuando no estamos de acuerdo, en algún momento yo hablé del favor de Alex y Laura se indignó preguntando qué tenía que ver el rubio con todo, y Vanesa me gritó algo que me hizo darme cuenta de que, efectivamente, el rubio no la mandaría entretener a la rubia por nada. Las dejé discutiendo solitas y me largué sin dar explicaciones, a toda ostia y directo a casa de la rubia. Ya tenía pensado acercarme, de todas formas, en cuanto me enteré de que el padrastro mano floja había vuelto. Entrar por la ventana sin hacer ruido, después de comprobar que no se escuchaban voces y no parecía haber nadie tras escuchar desde la puerta, fue todo uno. La idea era volver a convencerlo de que se marchase y aprovechar para espiar desde allí la casa de al lado y ver que se cocía. Lo que resultó siendo, sin embargo, fue muy distinto.
 
Un accidente. Cualquier jurado lo vería claro. El hombre se tropezó conmigo, venía caminando de espaldas, intenté apartarme, pero medio colgado de la ventana no tuve mucho radio de acción, pegué un salto para aposentarme en el suelo y la mala suerte hizo que el hombre se chocase de espaldas justo conmigo. La forma en que rebotó en la mesa cuando esta se rompió fue grotesca, los cristales se rompieron hacía dentro, como un puzzle deshaciéndose y el hombre ya no se levantó. Me acerqué a comprobarlo pero estaba muerto. Cosa que me había supuesto cuando vi torcerse el cuello de esa forma durante la caída. No voy a apenarme por ello. Ahora bien…¿cómo explico por qué entraba por la ventana de una casa que no es mía? Curioso, muy curioso que me encuentre aquí a los dos Kaiser, más aún cuando ninguno de los dos parece muy apurado por comprobar si el vecino respira y menos todavía por llamar a la policía. Al final me juego un farol y en lugar de preguntarles qué hacemos les pregunto qué hacen allí, consiguiendo solo una respuesta vaga del menor. Seguimos sin buscar el móvil así que sigo arriesgando y les digo cómo mover el cadáver. Nadie pregunta por qué lo haríamos y yo cada vez estoy más intrigado. Veamos a qué nos lleva esto, pienso.
 
Estoy extendiendo la alfombra, por debajo del cuerpo, tras conseguir que los dos rubios sujeten el cuerpo, cuando se abre la puerta y aparece la rubia como caballo desbocado. Genial…esto parece el metro en hora punta. No lo he terminado de pensar cuando se abre de nuevo y aparece Vanesa. Esta última acaba de ver la escena y se ha quedado con la boca abierta y el teléfono a medio camino entre la oreja y la boca. Tiene una boquita preciosa. Laura está empezando a reaccionar.
 
-         que alguien cierre esa maldita puerta…con llave si puede ser- me sale a mi en tono autoritario.
 
Vanesa la cierra, pero Laura intenta averiguar qué está pasando.
 
-         Ha sido un accidente- respondo yo, presto.
 
-         Sólo queríamos que desapareciera- contesta apresuradamente el rubio menor, siendo interrumpido rápidamente con un “Cállate” del mayor.
 
Sueltan el cuerpo, sin saber qué hacer. Yo consigo poner la alfombra debajo antes de que el mayor suelte los hombros.
 
-         ¿Habéis llamado a la policía?- pregunta Vanesa desde la puerta. Está un poco pálida, la miro y le hago un gesto de consuelo antes de responder:
 
-         No. ¿Es realmente necesario?
 
-         Nadie va a llamar a la policía- milagrosamente es Alex el que contesta, firme y decidido, y yo el que ahora se lo queda mirando a él con los ojos entrecerrados, cada vez con más preguntas  en mente.


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Re: Crónica de una muerte anunciada

Mensaje por Alex Kaiser el Jue Ago 16, 2018 6:01 pm

El día de Alex…
Llego tarde al instituto. Me he quedado dormido. Lo raro sería que no lo hiciese, cada vez estoy más cansado. No pego ojo por las noches. A cada paso que doy tengo más preguntas y las respuestas son muy pocas. Hace sólo un par de días que me he encarado con Jake y le he preguntado por ese “negocio” suyo. No lo he hecho de forma relajada, ni remotamente. Cuando me acerqué, tras sopesar todo lo que ya sabía, a la parte de atrás de su curro para pillarlo in fraganti y que no me lo pudiese negar lo hice con el convencimiento de que tendríamos más que palabras, sin embargo el chaval nunca reacciona como espero. Se quedó ahí, mirándome con un gesto despectivo, mientras yo le echaba en cara todo lo que pensaba de él. Perdí la paciencia cuando vi que no pensaba defenderse ni disculparse, y sólo cuando mencioné a Vanesa conseguí que reaccionase, pero no como esperaba. El tío sólo me avisó que Vanesa debía quedarse fuera de eso, y únicamente al entender que no pensaba ocultarle a mi princesa que su “amiguito” se dedicaba a repartir pastillas pro violación conseguí sacarle algo. Me pidió que lo siguiese y me llevó al almacén en que desaparece cada noche. Allí me lo explicó todo. Baste decir que salí entre alucinado y más confuso que antes, pero ya con la idea clara de que con este chaval nunca es lo que parece. Eso me llevó a pensar que quizá tampoco estoy viendo todo el bosque con los demás. Tardé dos días en comprender que debía ayudarle, por mucho que no tenga tiempo para más o que, hasta hace nada, no tuviese idea de que ese problema formase parte de mi vida, o lo que es lo mismo, de la vida de mi barrio. Puede ser que el tipo no se equivocase tanto cuando dijo que vivíamos en nuestro propio mundo, protegidos por un muro de conformismo que nos impide ver lo que sucede a nuestro alrededor. Ahora soy yo el que pasa las pastillas en el instituto. Es menos probable que me registren a mí, y mucho más fácil que la gente se sienta cómoda pidiéndomelas. Recuerdo que llevo un bote encima, en el bolsillo de la cazadora, cuando aparco el coche en la explanada frente al gimnasio. Me he perdido la primera hora, pero llego a tiempo para Literatura. Vanesa me reclama nada más verme por dejarla sola antes, intentando hacerme sentir culpable porque ha tenido que soportar la conversación incesante de Erick, un chaval que intenta salir con ella desde primaria y al que siempre manda a comprarse un bosque. La pena es que el pobre no entiende que le está pidiendo que se pierda y sigue insistiendo. No me siento culpable en absoluto.
- Es culpa tuya…-le respondo con sorna-dile que te van más los inadaptados con pinta de poder partirte la cara por colarte en la cafetería…

Me echa la lengua y yo le devuelvo el gesto antes de cogerla del codo, acercarme a ella mientras recoge los libros y cambiamos de clase, lo suficiente para poder hablarle bajito y que sólo ella me escuche:

- Necesito un favorcillo, honey.

La subida de hombros la entiendo como su autorización para proseguir.

- Tienes que entretener a Laura esta tarde. La necesito fuera un par de horas, después de las siete.

Acepta enseguida, sin preguntas, porque nunca nos las hacemos cuando pedimos algo. No por nada somos inseparables. Lo único con lo que no está de acuerdo es con tener que sugerir ella la salida, como si estuviese “rogándole” a la rubia. Sabía que ahí habría impedimentos, pero consigo convencerla insistiendo en que la necesito fuera y yo lo haría por ella. Es algo que no duda.
En Química sirvo de recadero para que esos dos se comuniquen, una vez más. No me molesta.
La veo acercarse a Laura y Alek en el cambio de clases. Me mantengo al margen, desde el fondo del pasillo, esperando que Alek haya colaborado para que la respuesta sea positiva. Observo, veo a Vanesa darse la vuelta ofendida y ya estoy suspirando y pensando en otro plan de acción para evitar que se acerque a casa cuando Laura la llama y acaba aceptando. Suspiro. Bien, una cosa menos.
Estoy despistado y ausente en gimnasia, cosa rara en mi. Vanesa está con las chicas jugando al Voleibol, yo debería estar subiendo por la cuerda pero estoy parado en la cancha mirando hacia arriba donde la cuerda se pierde y sin intentarlo siquiera. Aprobar gimnasia ahora mismo no entra dentro de mis prioridades.  Lo único que me saca del letargo es escuchar como las tres “Divas” del instituto, unas arpías con las que no tengo ningún trato ni Vanesa tampoco, se la pasan atormentando a Jenni “la gorda”, que en realidad solo está un poco rellenita y es algo torpe. La pobre chica ha terminado en el suelo tras recibir un balonazo e intentar escapar de las burlas. Me acerco para tenderle una mano, mientras les dirijo a las tres brujas una mirada de reprobación, y le sonrío a la chica.

- ¿Estás bien?


Empiezo a pensar que lo he hecho peor cuando veo que sólo es capaz de contestarme con la cabeza, se ha puesto colorada y las Divas se parten soltando lindezas del tipo “cinco dólares a que se atraganta”, “ nunca había visto a un chico tan de cerca, seguro”, “fijo que se desmaya”. No puedo dejar de escucharlas, pero no las miro, se me ocurre que puedo hacer algo mucho mejor para cerrarles el pico.

- Jenni, ¿verdad?... ¿Qué haces el sábado?...umm…voy a entender ese balbuceo como que estás disponible.


Cuando está de pie se recupera y me dice que sí. Lo arreglo para quedar con ella a las siete, en voz alta y coqueteando un poco para que las tres arpías se atraganten con su propia bilis. Satisfecho, me vuelvo para subir la cuerda de las narices. Aprovecho el hueco entre clases para repartir un poco de mercancía en el patio y publicitarla un mucho entre los amigos y conocidos, es decir, todo el instituto. La comida pasa normalmente, un rato agradable, que se me hace inmensamente dulce al comprobar la cara de limón agrio que se les ha quedado a las tres Divas. Me sueltan miraditas de incredulidad y cuchichean entre ellas pero sólo yo lo noto, pienso, porque sé qué les pasa por la cabeza. Sólo Vanesa pregunta luego, porque le ha llegado la noticia (tiene red de informadores), cuando estamos solos, si me he vuelto loco, a lo que le contesto “Para nada. Quiero ir a una Escape Room en Nashville y necesito a alguien con cerebro para salir a tiempo”.
Me encantaría salir zumbando para casa en cuanto la tortura de las clases termina, pero no puedo permitirme ese lujo, he de entrenar y correr mis kilómetros, imprescindible si quiero tener un futuro. Espero que Alek esté cumpliendo su parte, él si puede volver directamente.
No tengo nada claro lo que vamos a hacer, pero no se me ocurre nada mejor, bueno, en realidad sí, sería mejor freírle el cerebro para que siguiese de cuerpo presente y nadie pudiese sospechar nada pero, aunque sé que tanto Jake como la propia Laura serían capaces de hacerle una lobotomía sin bisturí, no me parece moral ni ético, al menos si lo dejamos solo en medio de ninguna parte lo dejamos siendo él mismo y con plenas capacidades. Puede sobrevivir, en realidad espero que sobreviva, simplemente no quiero que vuelva. Los minutos parecen horas, las horas días, el tiempo no da pasado y aunque soy yo el que tiene la capacidad de moldearlo y avanzar a gusto soy incapaz de tomar un atajo sólo porque sí. En la vida no se deben tomar atajos, menos para las cosas que importan. Cuando al fin llega el momento me apresuro a volver a casa, intentando no sobrepasar el límite de velocidad, me obligo a parecer relajado cuando bajo del coche tras aparcarlo en la acera y , como un día cualquiera, entro en casa para cambiarme y hacerme el batido de proteínas. Alek está sudando, y creo que no sólo por el trabajo físico, lo he visto un tanto descompuesto al saludarlo y ahora, mientras lo observo desde la ventana de la cocina, confirmo que no está bien. Sólo espero que no vomite por los nervios. Está podando el seto y las gotas de sudor le caen desde el nacimiento del pelo por toda la frente. Salgo para sustituirlo, asegurándome de poner en marcha el cortacésped y hacer ruido suficiente como para que todos los vecinos sepan que estamos trabajando en el jardín. En cuanto termino  de recortar la hierba de delante de ambas casas lo mando a casa a merendar. Es importante mantener las apariencias. No estoy nervioso, estaba nervioso antes y seguramente lo estaré después, pero esto, esto es el tiempo de partido. Uno no puede permitirse dejarse llevar por los nervios mientras el balón está en juego.
La cara de Alek cuando el señor Lerman insiste en que sea yo el que suba me lleva a pensar que no saldrá bien. Alek no está hecho para mentir, no sabe hacerlo. No tengo idea de cómo saldremos ahora del paso y era importante que el hombre no viese de donde le venía el golpe porque, siendo realistas, es imposible que Alek y yo lo tumbemos si está prevenido. Excepto usando magia, claro, pero no he practicado ningún hechizo de ataque, yo tampoco estoy hecho para eso. Me temo lo peor mientras termino de subir las escaleras de la casa hasta el desván y me voy intranquilizando a medida que dejo de escuchar las voces abajo. La puerta de Laura está abierta cuando paso por su piso, si echo un vistazo es porque la encuentro desordenada, con zapatos tirados hasta el quicio, pero es rápido porque enseguida entiendo que no ha sido un registro, sino la chica probándose mil conjuntos antes de salir. No tengo que hacer cábalas para saber que ha pasado. Laura no tiene amigas, lo más parecido han sido las chicas del club de animadoras, nunca las ha tenido. Es difícil tenerlas cuando todas te encuentran intimidante y creen que vas a robarles el novio. Probablemente se haya tomado mucho tiempo para estar presentable pero parecer que no se ha molestado en absoluto. Vanesa también hace eso. Laura jamás lo admitiría pero necesita una amiga, una que no tenga problemas de autoestima. Me doy toda la prisa que puedo. Ya estoy bajando las escaleras, con la desbrozadora en mano, y veo que Alek tiene un jarrón en las manos. Espero que no intente estampárselo al hombre en la cabeza, que no queremos matarlo y eso parece muy duro, le hago señas para que entienda que espere, que ya lo hago yo cuando llegue ahí pero mi hermanito no sé qué entiende y se adelanta, con la torpeza de llevarse media alfombra por delante y trastabillar hasta tirar una mesita de apoyo. La lámpara se rompe, el señor Lerman intenta apartarse, dando varios pasos hacia atrás de espaldas, yo me apresuro a bajar los escalones que me quedan, algo, un bulto, entra por la ventana, es un caos, el señor Lerman tropieza y cae hacía delante, escucho un exabrupto de Jake y es ahí cuando le pongo nombre al bulto. El señor Lerman ha aterrizado contra la mesa de mármol y cristal del salón, no se mueve, el cuello está en una postura extraña. Jake se acerca y lo mueve, hay sangre. Ya estoy abajo, el libro de las sombras de Jake a un lado del cuerpo, soltado en algún momento, mi hermano aún aferrado al jarrón. Jake confirma que está muerto. Tengo ganas de vomitar, pero me aguanto, el partido aún no ha acabado.

- este ya no se levanta- afirma Jake, algo pálido y con los labios apretados pero con voz extrañamente serena- ayúdame a cerrarle los ojos.

Hago lo que me dice, me acerco, agachándome, lo toco primero en el hombro, meciendolo para comprobar lo que mi mente se niega ahora a aceptar, le cierro el ojo después, Jake ya ha cerrado el otro.

- Alek, vete a casa. No te preocupes, no hables con nadie, luego hablamos.

Se niega a obedecer. Parece decidido a quedarse, no es lo que quiero, pero tampoco quiero tratarlo como a un niño delante de Jake, es sólo que preferiría ahorrarle el trauma y las pesadillas. Es mi amigo el traficante el que hace preguntas, preguntas sin sentido.

- Nosotros entramos por la puerta, ¿qué hay de ti?

No esperaba realmente una respuesta, ya sé que este chico sólo contesta cuando le conviene o decide por sí mismo, nunca por sentirse obligado. Mando a callar a mi hermano cuando empieza a dar explicaciones que el moreno no necesita. Si el calla, ¿por qué vamos a explicarnos nosotros?. Aun así confío en él, y él tiene que aprender a confiar también. Es el moreno el que reacciona y nos da instrucciones, es terriblemente cómodo que sea otro el que asuma el mando cuando tú estás colapsado y no tiene idea de cómo reaccionar, le agradezco el punto y obedezco, sin preguntar. Ahora está haciendo algo con la alfombra con la que antes tropezó Alek, mientras nosotros sujetamos el cuerpo, yo por debajo de los hombros y Alek por las piernas. Comprendo que pretende poner la alfombra debajo para poder mover el cuerpo, supongo que luego limpiaremos la sangre. No puedo creer por donde van mis pensamientos, nunca creí tener ninguno semejante, pero aquí estamos y el caso es que es lo más lógico llegados a ese punto. Mi teléfono lleva un rato vibrando en mi bolsillo, pero es imposible cogerlo ahora, no creo que sea importante tampoco. No más que esto. Estoy por decirle a Jake que lo mejor será seguir el plan inicial y dejar el cuerpo igualmente en el Kalaharí, donde nadie lo encuentre, pero no llego a abrir la boca porque Laura aparece por la puerta como una exhalación, y al poco Vanesa con el móvil en la mano. Entiendo que las llamadas eran suyas y que intentaba avisarme de que Laura volvía. Mierda. No tengo ni idea de cómo explicar esto, ni lo intento. Es Jake el que habla, y les pide que cierren la puerta. Vanesa obedece, lo mira, completamente pálida, y luego me busca a mi para que se lo explique, y yo sólo puedo decirle, mientras Jake le dice a Laura que “fue un accidente”:

- Tranquila, princesa, no es tan malo como parece- a Laura no le digo nada, ni me acerco, no por falta de ganas porque también parece alucinada, pero no quiero que empiece a preguntar. Todavía no.


Ni yo estoy seguro de eso, pero me siento obligado a decirlo, realmente parece asustada. Laura….Laura no sé qué piensa. Ha preguntado y Alek, que ya no controla los nervios, le ha contestado directamente que queríamos deshacernos de él, lo mando callar de nuevo, pero entonces es a mi a quién le exige respuestas y no tengo nada claro que deba darlas. Es Vanesa la que nombra a la policía, yo la miro y le niego con la cabeza levemente, aprovechando que los demás se miran entre ellos o a Laura. Jake pregunta, mientras nadie se mueve, si es realmente necesario, y a mi se me pasa velozmente por la cabeza lo que terminará sucediendo si llamamos.

- Nadie va a llamar a la policía- respondo en tono firme.

Me doy cuenta de que es curioso, pero sé de forma instantánea y consciente que ninguno de los que estamos aquí llegará a delatarnos si seguimos con el plan. Otra cosa es cómo reaccione Laura al saber lo que pretendíamos. Eso me lleva a pensar, en ese preciso instante y sin que sea el momento más oportuno para sonreír quedamente, que formamos un complejo grupo, pero uno unido. Alguien tiene que empezar a hablar, así que lo hago yo:

- Muerto o no, vamos a dejarlo bien lejos, ¿Alek?

Afirma, asiente y dice que está listo. Jake no saber muy bien a qué atenerse y pregunta a dónde pensamos llevarlo, Alek le contesta que al Kalaharí y entre los tres conseguimos enrollarlo en la alfombra y ponerlo de pie. Las chicas se han acercado pero no ayudan, todavía en shock. Alek indica, cuando estamos listos, que no puede con los tres y el muerto, que él solo ha practicado para llevar a tres y yo asiento, mirando a Jake para que se quede, pero este me hace ver que es él el que soporta el peso de la espalda del muerto y si lo suelta probablemente vuelva a caer así que lo dejo ir a él. Vanesa pregunta por el medio si ella puede hacer algo, como devolverle la vida, porque Jake le dijo alguna vez que ella podía, tres voces al unísono le contestan que no, pero sólo Jake le explica que sin practica como mucho puede resucitar a un insecto o alguna planta. Cuando los dos desaparecen, con el señor Lerman, me pongo a buscar en la cocina algo con que limpiar el suelo.


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