Laura Lerman

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Laura Lerman

Mensaje por Alex Kaiser el Dom Oct 23, 2011 8:12 pm





Laura Lerman




EDAD : 16 Años


Personalidad


Fue una niña tranquila, educada, siempre sonriente, feliz. Quien la conoció de pequeña todavía te dirá que su sonrisa era capaz de hacerte sentir en calma y su voz tenía la cualidad de arroparte y darte calor. Algo traviese, pero no más de lo que cualquiera encontraría encantador. Quien la conoe ahora no dice lo mismo, y quien la conoció antes y ahora aún te mirará con perplejidad antes de responder que no entiende cómo una niña puede cambiar tanto en tan poco tiempo, pero claro, ellos no estaban allí cuando su mundo se hundió. Dos personas, sin embargo, sabrían responderte con exactitud si les preguntases, su mejor amigo, Alek Kaiser, que la consoló una y otra vez mientras él mismo se perdía a su mismo, que le sujetó el pelo en su primera borrachera y en las siguientes, que la sacó una y otra vez de comisaria cuando sus huesos acababan allí, él te diría que sigue siendo aquella niña, una niña dulce y asustada a la que se lo arrebataron todo en veinticuato horas, una que intenta sobrevivir, como puede, pero él no te lo dirá por mucho que preguntes, porque nadie debe saberlo. Y el hermano de este, Alex, que no estuvo allí en ninguna de esas batallas individuales pero que es capaz de entender la desesperación mejor que nadie, a él no le hace falta que ella se lo cuente o verlo de primera mano, la entiende porque reconoce su deseperación como propia, su dolor, porque la ve de verdad cuando la mira a los ojos, porque cuando la toca se siente completo, pero él tampoco te dirá lo que ve, porque jamás será capaz de reconocer que se siente aterrado, aterrado y confuso cada vez que la mira.


Historia & Datos Importantes


Cuando su madre muere en el accidente queda en custodia de su padre, un hombre al que apenas ha visto desde los tres años. Su madre lo odiaba, pronto entiende por qué. La vida tranquila y apacible que conoció desaparece con la primera paliza. Las cosas cambian muy deprisa, el primer año apenas se la deja salir de casa, ni para estudiar, ni para quedar con amigos, ni siquiera puede quedarse en el jardin, a su padre todo le molesta, desde la tele a su voz, los juegos, los paseos, pronto queda todo descartado, y ella, ella intenta no molestarlo, intenta caerle bien, no entiende porque no le gusta, nunca antes nadie la había tratado así, con ese desprecio. Lo que más hecha de menos, sin embargo, además de los besos de su madre cuando la acostaba, es a sus vecinos, en plural, si. A su mejor amigo Alek, por razones obvias, cada vez que su padre grita o sale a buscar su cinturón, deseando refugiarse en su cuarto como otras tantas veces, quedarse dormida escuchando su voz calmante, contarle sus problemas para que él consiga que parezcan más pequeños. Y a su hermano mayor, ese que le abría la ventana y la dejaba pasar, el que siempre la trataba con condescendencia por su edad pero aún así la acunaba cuando tenía pesadillas porque cuando el sueño era realmente malo eran sus brazos los unicos en los que se sentia segura, él era mayor y ella lo admiraba. No sabía como lo echaba casi tanto de menos como a Alek pero suponía que tenía que ver con que ahora toda su vida era una pesadilla...si tan solo pudiese volver a acurrucarse en sus brazos...

Pero el tiempo pasa, y ella no puede salir, aprende a no gritar, a esconder la marcas, pero su padre aprende también a no dejarlas en lugares visibles, casi lo agradece, duelen lo mismo pero al menos no te devuelven la mirada en el espejo. Nadie va a buscarla tampoco, espera y espera, a que uno de los dos aparezca preguntando por ella pero ninguno lo hace.

Es entonces cuando su padre tiene un accidente que lo deja postrado por varios meses, y ella se crece y aprende a defenderse, a contestarle con el mismo odio. Para cuando su padre puede volver a levantarse no hay vuelta atrás, podrá seguir castigandola pero no la hará callar. Nadie volverá a someterla. Y cuando descubre que su padre odia a las jovencitas descarriadas se convierte pronto en una, cambia de aspecto, de actitud e incluso de hábitos, y se siente mejor, cuanto más cabreado está su padre más satisfecha se siente ella. Pronto ya no es solo una máscara, es su barrera contra el mundo, su escudo. Otra cosa que saca de quicio a su padre son los chicos, así que los busca, los provoca y los pasea, siempre delante de sus narices, uno tras otro, sin contemplaciones. Las palizas se repiten pero ella ha aprendido a evadir el dolor, cuanto más borracha este menos siente los golpes.

Tras volver a verlos en el instituto decide pasarse un día por la casa de enfrente, es lo unico que sigue echando en falta, todo lo demás ha dejado de importarle. Alek la recibe con los brazos abiertos, a él no le importan los cambios, la sigue viendo como la niña que fue, la que siempre será a sus ojos, él tampoco lo ha pasado bien, se reconocen como lo que son, dos almas perdidas, no es dificil volver a confiar en él, aunque nunca le cuenta lo mal que lo ha pasado ella, no del todo. Hay cosas que es mejor mantener dentro de las puertas. Pero a su hermano mayor, a Alex ya no le gusta, lo siente coo un rechazo brutal, algo ha cambiado, él apenas la mira, la hace sentir una molestia, pero ella ya no es una victima, no, nunca más, así que contraataca, solo que lo hace jugando con él, usando lo que ahora sabe que es un arma, su descaro, la provocación y su atractivo, que sabe que tiene. No resulta como esperaba, él se aleja cada vez más y eso la enfurece. No sabe por qué pero recuperarlo le parece importante, muy importante.

Es peor después de aquel día en los lavabos, tenía resaca, acababa de pasar por una experiencia desagrdable cuando un chico de cuarto intentó forzarla bajo las gradas, una cosa era coquetear y otra eso, no es que lla fuese virgen, nada más lejos, estaba a punto de conseguir un record, pero las cosas se hacían siempre cuando y como ella escogiese, ningún gilipollas iba a decirle cuando o hasta donde iba a llegar. No debió besarlo, aunque en cuanto lo tocó supo que era eso lo que siempre había querido hacer, no debió. Él cerró la ventana, lo vió hacerlo desde la suya propia, ya que estaban enfrente, la miró incluso cuando lo hizo, como dando por zanjado el asunto, y dolió, dolió más que ninguna otra cosa, más aún que los golpes, la había dejado fuera, fuera sin su protección, y lo odió por eso.

La cosa empeoró un año más tarde, un día de fiesta, el día de la hoguera, la festividad del castor. Él se paseaba triunfante y alejado de todo, inalcanzable, com siempre, del brazo de su novia actual, una de esas que sólo desfilaban de su brazo durante breves semanas hasta que también a ellas les cerraba la puerta, pero mientras estaban, ¡como las odiaba¡ Las odiaba por poder refugiarse entre sus brazos pero tambien porque él parecía idolatrarlas mientras aún recordaba su nombre, les hacía regalos, las acompañaba a clase, las cubría con su cazadora...iba a mirar hacía otro lado, como siempre, cuando un gesto suyo me dió el poder para cambiar las cosas, conocía esa mirada, sólo fue un segundo pero lo supe, quizá no podía tenerlo como antes pero había una forma de conseguirlo. Él me deseaba. No tuve que esforzarme mucho, la verdad, en cuanto fingí que me tropezaba y deslicé mi mano a lo largo de su pecho tocando todo lo que podía toda su atención fue mía. Fue un error. Nunca he vuelto a sentir nada con ningún otro, ni siquiera de dos en dos. Y no será porque no lo intente. Por supuesto, nunca hemos vuelto a hablar de ello.



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