Jake Parrish

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Jake Parrish

Mensaje por Alex Kaiser el Jue Oct 27, 2011 4:57 pm





Jake Parrish




EDAD : 17 Años


Personalidad


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Historia & Datos Importantes


Jake nunca tuvo padres, al mens nunca los conoció, cuando contaba sólo dos años estos murieron en un accidente de coche, o eso le contaron, ha crecido en la casa de su abuelo, un hombre algo mayor, viudo y con gran afición por el alcohol, así que podría decirse que tampoco contó con lo que se dice supervisión adulta, más allá de la tierna preocupación de sus vecinos, que se esmeraban en llevarles siempre comida preparada, galletas recien hechas y su compasión. Creció pensando que era normal ocuparse de que nunca faltase el bourbon, de que la cocina no se incendiase cada vez que su abuelo intentaba preparar algo y de que este no acabase, cada jueves, durmiendo en el callejón tras el restaurante mientras cantaba otra vez la misma maldita canción. Probablemente no se moriría por ello, pero sus huesos ya no estaban como para dormir sobre adoquines y los gatos hambrientos e ponían a maullar como locos así que los vecinos se quejaban.

Quizá por eso Jake acabó haciendo mejores migas con los chicos de los suburbios que con los hijos de sus propios vecinos, y como nunca nadie le dijo lo que podía o no podía hacer tampoco se preocupó mucho sobre lo que era legal o no, algunos pensaban que no sabía reconocer el bien del mal pero no era tanto así cómo que realmente no le importase demasiado, total, ¿qué tenía que perder? Los policias del pueblo lo conocían y de vez en cuando, cuando se metía en algún lio, aprovechaba esa compasión que le tenían para salirse de rositas. El huerfano, sonaba tan triste. ..Los hermanos Kaiser también lo eran, pero tenían demasiado dinero cómo para darle pena a nadie, así que el epiteto se lo había quedado sólo él, al parecer era digno de lástima, una cosa que nunca llevó bien.

Para evitar el calificativo decidió poner todos sus medios, primero intentó convertirse en "el chico malo" pero la gente creía que sólo era rebeldía y una forma insana de querer llamar la atención de su abuelo, ¿qué podía importarle a él?, después lo intentó simplemente odiando a todo el mundo, esperando su odio en respuesta, siempre mejor que la lástima, pero tampoco eso funcionó, al final sólo pudo ignorarlos a ellos y a su compasión.

A los trece años ya se había ganado cierta reputación en los barrios bajos, un lugar donde ser huerfano y pobre no era tan raro y a nadie parecía importarle tampoco, un lugar donde había gente que lo pasaba mucho peor que él, gente que no podía pagar las facturas, gente que no podía hacer tres comidas al día, gente que llegaba a considerarle afortunado, el tipo de gente que le gustaba. Al principio las motos fueron sólo una forma de ganar pasta rápida, sin complicaciones, luego comprendió que era lo primero que se le daba realmente bien y que la gente lo admiraba por ello, y eso le gustó.

La primera vez que la vió pensó que era una mocosa consentida con ganas de ver el otro lado del mundo, una niñata dando una vuelta por el lado oscuro antes de volver a la arropada vida bajo el ala de mama. Y la odió, la odió porque la reconoció como una de esas personas que siempre lo hacían sentir inferior.

La siguió viendo, sin embargo, a lo largo de los años y se fijó un poco mejor, compartían alguna clase y se cruzaban por los pasillos pero lo mismo podía haber sido invisible porque ella jamás lo miró, si lo había visto en las carreras o siquiera percibido nunca lo demostró, siempre rodeada de sus amigos del club de esto o de lo otro, siempre pareciendo distante. Pero hubo gestos, conversaciones pérdidas en el cuarto de baño de las chicas donde suponian que nadie las escuchaba y donde a él le gustaba echarse un cigarro de vez en cuando. No era sólo rebeldía lo que escondía esa fría mirada azul. Y quiso saber más.

Cuando ella se acercó a él, años más tarde, con su propuesta de enseñarle a conducir no tuvo que pensarlo mucho, aunque no dió muestra alguna de lo encantado que estaba con la labor. Sabía por entonces mucho más de la vida de la chica de lo que nunca se dignaría a admitir. Cuando aceptó tenía una petición muy clara como recompensa a sus esfuerzos, sólo una respuesta, algo que no había podido descubrir por mucho que indagase. Pensaba obtenerla de ella como fuese.

Pero el día de pedir su recompensa nunca llegó. Esa mañana, el día de la carrera, él ya sabía que no volvería a verla. Su abuelo ya no podía cuidar de sí mismo ni estando sobrio, mucho menos le permitirían cuidar de un chico de quince años, no importaba que nunca lo hubiese hecho, era cuestón de tiempo que alguno de esos "buenos vecinos" llamase a las autoridades competentes y algún agente social apareciese para encerrarlo en alguna institución. Era hora de desaparecer.

Se concienció para ello, tampoco es que fuese a dejar mucho atrás, quería a su abuelo pero no echaría de menos su aliento ni las noches sin dormir recogiendolo por los callejones, no tenía amigos, o al menos ninguno que fuese a extrañar, y ella...bueno, ella sólo lo estaba utilizando. Tomó ese beso por lo que había sido, una muestra de felicidad por la victoria, y cómo tal lo disfrutó, como eso y cómo despedida. Esa misma noche desapareció sin volver la vista atrás.



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